Bien sé que para verte
he menester la alquimia de la muerte
que me transmute en alma, y delirante
de amor y de ansiedad, a cada instante
que llega, lo requiero
diciéndole: "Ah, si fueses tú el postrero!"
Es tan desmesurado, tan divino
y tan hondo el futuro que adivino
a través de las rutas estelares,
y de uno en otro de los avatares,
siempre contigo, noble compañera,
que por poder morir, ¡ay, qué no diera!
Agosto 24 de 1912 Amado Nervo
La amada inmóvil (1912) VI.- Pensamientos afines
Incluido en Poesías completas. Amado Nervo. Colección la Divina Locura.
Editorial Teorema. Barcelona. 1982.
Y en Obras completas, Madrid, Aguilar, 1972 (Los Grandes Clásicos).