Si no fuera por la rosa
frágil, de espuma, blanquísima,
que él, a lo lejos se inventa,
¿quién me iba a decir a mí
que se le movía el pecho
de respirar, que está vivo,
que tiene un ímpetu dentro,
que quiere la tierra entera,
azul, quieto, mar de julio?
Incluido en Poemas escogidos. Pedro Salinas. Prólogo
de Jorge Guillén. Edición de Francisco Javier Díez
de Revenga. Colección Austral nº 226, ESPASA CALPE S.A.